Jugando a ser feliz

happiness, coming and going

Miedo y ganas de que pase todo por fin. Y empezar a descansar y a llorar con razón si hay que llorar. Porque ya no puedo más, ni estudio, ni duermo, ni pienso en otra cosa.

A lo mejor no ha sido el mejor fin de semana para que mis padres se vayan a Navarra y me dejen sola en casa porque necesito mucho mucho que me abracen o, al menos, que me distraigan. (Siempre se me ha dado bien echar balones fuera)

Suena: Inglaterra - Portugal (penalties)

2 Comments 1.7.06 18:35, comment

Talkin' to the songbird

Estoy harta de eso de "las chicas tenéis buena letra", de creerme siempre las mentiras que me cuentan, de vivir tan lejos de la mayoría de las cosas que quiero y de disfrutar tan poco las que también quiero y están cerca.

 Harta de que todos sobreestimen mis posibilidades reales de aprobado, harta de ser la única que no me "visualiza disfrutando de mi plaza", harta de sentirme mal por no estudiar cuando no estudio, harta de sentirme mal por no vivir cuando me enfrento a los folios.

 Harta de querer y no poder, de ser lo que soy y no acabar de serlo. Harta de intentar sacarle la lengua al destino y no conseguir más que hacer una vaga mueca.

 Harta de preguntar y harta de no querer saber la respuesta. Harta de mirar al frente entre los dedos separados de la mano abierta.

 Harta de estar harta.

 Y a punto, a punto, a punto de dejar de estarlo

 

Suena: John Fogerty - Who'll stop the rain

3 Comments 21.6.06 22:20, comment

Autos para siluetas y melodramas para marionetas

Como en una pelea de animación manga, dos fuerzas chocan en mi interior sin ganarse demasiado espacio la una a la otra. Por un lado, deseo desesperadamente que sea ya el examen y dejar de agonizar. Por otro, tengo la horrible sensación de que cuando pase será peor porque, por muy bien que salga, con estas estupendas listas cerradas ¿realmente tengo alguna posibilidad de trabajar? (no contestéis, sé la respuesta)

 

Y así un día y otro hasta que llegue el viernes que viene con el comentario (que debería salir muy bien) y el 3 de julio con el desarrollo del tema (llámalo tema, llámalo lotería). Menos mal que, a falta de drogas más duras, este año tenemos mundial.

 

 

 

Suena: Kings of convenience – I’d rather dance with you

4 Comments 18.6.06 15:55, comment

Como el que oye llover

Un amigo mío, estudiante de periodismo en la Carlos III, no deja de comentarme que en su facultad los profesores les dicen con tono jocoso que no hagan demasiado caso a los lingüistas porque todos exageran y buscan con demasiada vehemencia la “perfección gramatical y léxica”.

 

 Si en esta, que pasa por ser una de las mejores facultades de España les dicen esto, no es de extrañar que luego los comentaristas deportivos se rían de oyentes que les corrigen errores gramaticales imperdonables como “habían x aficionados viendo el entrenamiento”. Les da igual. Hablar bien es de puristas de la lengua que se niegan a la evolución de ésta.

 

Así nos va.

 

Os dejo el artículo de esta semana de Javier Marías para El País Semanal. Creo que sobran los comentarios al respecto; el texto habla por si solo.

 

 

 

Decir feamente nada
No sé si han hecho la prueba, yo la hago a menudo. No a mala idea, sino porque son muchas las veces en que estoy ocupado o fuera a la hora de las noticias en la televisión. Si ha ocurrido algo de especial interés, las grabo en vídeo y les echo luego un vistazo. Eso me permite volver a oír lo que, de haberlas visto en su momento, habría escuchado como una salmodia, distraídamente, sin fijarme mucho en lo que la gente dice ni en cómo lo dice, igual que la mayoría de los espectadores. Desde tiempo inmemorial se sabe que las palabras se las lleva el viento, y sin duda con ello cuentan quienes hacen declaraciones públicas frecuentes, en particular los políticos. Se los oye casi siempre como quien oye un sonsonete, un difuso y permanente ruido de fondo, carente de sentido las más de las veces, o cuyo sentido resulta indiferente. Quienes hablan dan por descontado que es así, y sólo así, como van a ser escuchados, no ya por los perezosos espectadores y oyentes, sino también por los periodistas que los interrogan. Hace dos años y medio escribí aquí sobre la contestación de Eduardo Zaplana, entonces portavoz del Gobierno de Aznar, en medio de una rueda de prensa –nada menos–, al preguntársele por la postura de España ante la orden dada por Sharon de desahuciar a Arafat. Tenía grabado el telediario en cuestión, por lo que pude atrapar sus palabras una a una y reproducirlas, lo cual vuelvo a hacer ahora, a modo de recordatorio: “Bien, el Gobierno, lo que piensa en ejtos momentos, ej que la situación requiere, medidas que contribuyan a disminuir la tensión, ¿no?, y no a incrementarla. Y con eso yo creo, puej que le digo, de forma más o menos clara, cuál ej la posición del Gobierno en ejtos momentos, ¿no?” Ante semejante vacuidad, con las improcedentes pausas que indican mis comas, ni los reporteros presentes en la sala, ni luego los de las redacciones, hicieron el menor comentario ni señalaron que Zaplana no había contestado, ni de forma más o menos clara ni más o menos oscura, a lo que se le había solicitado. Por eso titulé aquel artículo “El oficio de oír llover”: porque así se oye casi siempre el castellano en nuestros tiempos, en España.

 

A pocos parece preocuparles eso, pero a mí sí, y en el caso de los políticos todavía más. La manera de hablar, pese a los esfuerzos de muchos por que todo el mundo hable igual (no otro es el propósito de la corrección política), es uno de los mayores indicios de que disponemos todos para saber: a) si alguien dice la verdad o miente; b) si sabe algo del asunto sobre el que está disertando; c) si es un farsante (no les quepa duda, por ejemplo, de que lo son cuantos sueltan la hueca cantilena de “los vascos y las vascas”, “todos y todas” y demás redundancias supuestamente lisonjeras para una parte de la población; pero habría muchos más elementos para detectarlos); d) si esquiva la cuestión sobre la que se le inquiere; e) el grado de educación y de respeto del hablante hacia sus oyentes; f) si nos está tomando por personas normales o por idiotas; g) si tiene opinión sobre algo o ni puta idea de qué decir al respecto.

 

Hace unos meses me molesté en transcribir –había grabado las noticias– las primeras palabras de Begoña Lasagabaster, dirigente de Eusko Alkartasuna, sobre la declaración de alto el fuego permanente de ETA, y les juro que fueron estas: “Lo acogemos con alegría, con prudencia y con la responsabilidad que nos obliga a todos, esta puerta que al parecer se abre para proceder a realizar los pasos oportunos para que no se pueda volver a reproducir nunca más que los conflictos deriven en la utilización por parte de algunos en elementos o en estrategias violentas”. Y se quedó tan ancha tras este huero trabalenguas, y ahí sigue en su puesto, y lo más probable es que en las próximas elecciones vuelva a salir elegida esta persona incapaz de decir nada con sentido, corrección ni coherencia tras una de las noticias más anheladas de los últimos decenios.

¿Qué nos ocurre con la lengua? Por una parte, ante el éxito de las ediciones de la Real Academia y otras, y en particular del Diccionario Panhispánico de Dudas (que en modo alguno ha arrumbado, sin embargo, el más antiguo y magnífico de Manuel Seco), uno diría que hay una preocupación creciente por hablar y escribir bien y saber qué puede y conviene decirse. Por otra, en cambio, resulta evidente que la lengua se va pareciendo cada vez más a un magma informe del cual se puede extraer cualquier combinación, que la mayoría encontrará aceptable –o indiferente– por disparatada, vacía o carente de sentido que sea. Hace unos días, en un artículo de este diario debido a un catedrático universitario (!), me topé con el tremendo palabro “multidisciplinariedad”. No se molesten en contarlas, que ya lo he hecho yo: son veintiuna letras, nada menos, exactamente para decir nada, y además de manera fea. En el mencionado ejemplo de la dirigente Lasagabaster, fueron cincuenta y seis palabras impunes –un horrendo galimatías– para decir exactamente lo mismo: nada.

 

JAVIER MARÍAS El País Semanal, 11 de junio de 2006

 

 

 

Suena : Tachenko - 1986

 

4 Comments 12.6.06 14:09, comment

De color amapola

Llevas una día de mierda y de pronto una canción te arregla la mañana. Y no importa tener sueño, que todo lo que has hecho en las últimas horas sea un desastre o tener que hacer 400 kilómetros y pasar 4 horas en clase.

Da igual, porque ha sonado en el momento justo y de pronto sabes que se va a quedar todo el día ahí en tu cabeza. Arreglándolo todo.

 

 Suena: Maga - Agosto esquimal

3 Comments 6.6.06 12:08, comment

I bet that you look good..

No me gusta nada esto de que tengamos nuevo servidor. Lo mejor que he podido hacer para que el blog diga algo de mi son esas fresas que veis y el gato de Cheshire; porque de momento si elijo este formato ni siquiera puedo (sé) cambiar los colores.

Por lo menos he conseguido que se pueda entrar sin contraseña que, dada mi ineptitud, me ha costado un buen rato.

Besitos a todos desde la nueva casa del blog.


suena: Lori Meyers - El aprendiz

1 Comment 4.6.06 14:50, comment

Es la ley de acción y reacción

¿Os acordáis de cuando decía que no sabía si ir al FIB este verano? Pues ya lo sé seguro: no voy. ¿Que cambiaré de opinión direis algunos? No es cuestión de opinión, NO QUEDAN ABONOS. Como dirían los del tomate "qué fuerte, madre mía, qué fuerte".


( y por cierto los que vais al primavera que sepais que no me dais niguna envidia, que yo me quedo aquí estudiandome los mecanimos de coherencia y cohesión que son suuuuuuuuuuper divertidos)


 

3 Comments 31.5.06 16:53, comment